Sangre, sin rumbo, en esas venas desordenadas.
No hay dolor en el filo de unos besos desahuciados de cordura. Es la
vida llamando a la puerta con las manos vacías de llaves rotas. Y
entonces la música, como no, aliada eterna del corazón desmadejado.
Queda tanto por atar, y ayer tiré todas las cuerdas por el retrete.
Lloran mis dedos de los pies, no entienden nada; ya nadie les dice como
caminar y hacia donde. Todo está
demasiado lejos, y tú, tan cerca. Cortaría mis venas si no fuesen de
cartón, apenas un papel grueso envuelto en tinta indeleble de eso que
llaman amor. Me vacío de todo aquello que no llenas y los latidos se
vuelven eternos. La sangre sigue sin llegar, perdida en lo más profundo
de mis miedos. Cuanto te quiero. No es suficiente. Hay un lugar en el
mundo para cada cosa, acabas de perder el tren que jamás debió pasar.
